OPINIÓN
Lo correcto en la situación límite
El seleccionado se fue contento del Mario Kempes; la "cadena de la felicidad" comenzó con un estupendo Fernando Gago; Messi, el principal beneficiado.
13.07.2011 | 08:22 hs.
· Autor: Juan Pablo Varsky
· Fuente: Cancha Llena
La Argentina hizo lo que tenía que hacer. Nadie esperaba llegar al duelo contra la semiprofesional Costa Rica con la necesidad de ganar para clasificarse segundo en el grupo. En este contexto, el triunfo de anteayer no es decorativo. Avanzó a cuartos y, por momentos, se pareció a un equipo.
Gracias a los cambios y a las concesiones de un rival muy flojo, mejoró su funcionamiento. El principal beneficiado fue Lionel Messi, participativo y determinante. Como cualquier crack, Leo necesita respaldo colectivo. Ningún jugador gana solo. No sorprende su faceta de pasador. Lideró la última Liga española en ese rubro. Metió pelotas de gol para Agüero y Di María y dejó tres veces mano a mano con el arquero a Gonzalo Higuaín. La noche de Córdoba le vino ideal para sentirse mimado, por sus compañeros y por el público. Recibió ese afecto y esa contención que pide sin pedir. Sin embargo, no hace falta ensalzarlo tras una muy buena performance contra el Sub 22 costarricense. Ha brillado en demasiados partidos importantes como para quedarse encandilado por este juego. Messi hizo lo que tenía que hacer y punto. El elogio desmedido hace tanto o más daño que la crítica.
Al gran futbolista Carlos Tevez se lo está devorando el personaje de "El Jugador del Pueblo". La sobrevaloración de su rendimiento en aquel partido de cuartos ante Alemania en 2006 ha sido el punto de partida. Su talento futbolístico, su carácter y su trayectoria ganadora son indiscutibles. Pero en estos últimos cinco años de Selección, Carlitos ha ofrecido más frases que goles. Con notable habilidad para las declaraciones periodísticas y el respaldo de excelentes rendimientos en su club, siempre se las ha ingeniado para expresar su compromiso incondicional con la camiseta. Lo comunica por cadena nacional y luego descansa en el amor de los hinchas.
Sabe que ese mensaje se convertirá en sutil presión para el seleccionador de turno. Pekerman (Alemania 06), Basile (Copa América 07), Maradona (Sudáfrica 2010) y ahora Batista rectificaron su decisión inicial de no contar con él. Una hora antes del partido ante Costa Rica, repitió su fórmula favorita e intentó despegarse de sus compañeros. Fuera del equipo titular, disparó que no se sentía cómodo de "11" y que aceptaría críticas cuando jugara de "9". Tras activar la granada, aclaró que era momento de apoyar. No pareció un mensaje positivo para el grupo. "En la Selección, juego hasta de 2", había asegurado en septiembre de 2008.
Pero la Argentina se fue contenta del Mario Kempes. La "cadena de la felicidad" comenzó con un estupendo Fernando Gago, que interpretó el concepto fundamental del fútbol: tocar y moverse con despliegue al servicio de la pelota, sea para recuperarla o para recibirla. Dictó el tempo, agilizó el juego desde el medio y buscó permanentemente a Messi. Su confianza quedó retratada en el primer gol cuando decidió pegarle de aire a ese balón rechazado. Su aporte clave tuvo conexión con Di María, cuyo retroceso por la izquierda garantizó equilibrio, y con Higuaín, errático en la definición pero muy activo en la elaboración de jugadas y en la ocupación de los espacios.
Kun Agüero, cada vez mejor, desatascó el resultado y, si la tuvo, disimuló bien su incomodidad para jugar de "once".
Por el lateral derecho, Zabaleta ventiló el ataque con criterio. Un clásico: cuando un equipo funciona, se potencian las individualidades.
Quedan asuntos pendientes. Milito no impone autoridad en el uno contra uno. Mascherano corre de más y comete fouls por culpa de su propio desorden.
En Córdoba, encontró resultado, goles, confianza, cariño, un poco de juego asociado y a algunos futbolistas que había perdido. No es poco, justo ahora que comienza la verdadera Copa América. Ante un rival limitado pero en una situación límite, hizo lo que tenía que hacer.
Gracias a los cambios y a las concesiones de un rival muy flojo, mejoró su funcionamiento. El principal beneficiado fue Lionel Messi, participativo y determinante. Como cualquier crack, Leo necesita respaldo colectivo. Ningún jugador gana solo. No sorprende su faceta de pasador. Lideró la última Liga española en ese rubro. Metió pelotas de gol para Agüero y Di María y dejó tres veces mano a mano con el arquero a Gonzalo Higuaín. La noche de Córdoba le vino ideal para sentirse mimado, por sus compañeros y por el público. Recibió ese afecto y esa contención que pide sin pedir. Sin embargo, no hace falta ensalzarlo tras una muy buena performance contra el Sub 22 costarricense. Ha brillado en demasiados partidos importantes como para quedarse encandilado por este juego. Messi hizo lo que tenía que hacer y punto. El elogio desmedido hace tanto o más daño que la crítica.
Al gran futbolista Carlos Tevez se lo está devorando el personaje de "El Jugador del Pueblo". La sobrevaloración de su rendimiento en aquel partido de cuartos ante Alemania en 2006 ha sido el punto de partida. Su talento futbolístico, su carácter y su trayectoria ganadora son indiscutibles. Pero en estos últimos cinco años de Selección, Carlitos ha ofrecido más frases que goles. Con notable habilidad para las declaraciones periodísticas y el respaldo de excelentes rendimientos en su club, siempre se las ha ingeniado para expresar su compromiso incondicional con la camiseta. Lo comunica por cadena nacional y luego descansa en el amor de los hinchas.
Sabe que ese mensaje se convertirá en sutil presión para el seleccionador de turno. Pekerman (Alemania 06), Basile (Copa América 07), Maradona (Sudáfrica 2010) y ahora Batista rectificaron su decisión inicial de no contar con él. Una hora antes del partido ante Costa Rica, repitió su fórmula favorita e intentó despegarse de sus compañeros. Fuera del equipo titular, disparó que no se sentía cómodo de "11" y que aceptaría críticas cuando jugara de "9". Tras activar la granada, aclaró que era momento de apoyar. No pareció un mensaje positivo para el grupo. "En la Selección, juego hasta de 2", había asegurado en septiembre de 2008.
Pero la Argentina se fue contenta del Mario Kempes. La "cadena de la felicidad" comenzó con un estupendo Fernando Gago, que interpretó el concepto fundamental del fútbol: tocar y moverse con despliegue al servicio de la pelota, sea para recuperarla o para recibirla. Dictó el tempo, agilizó el juego desde el medio y buscó permanentemente a Messi. Su confianza quedó retratada en el primer gol cuando decidió pegarle de aire a ese balón rechazado. Su aporte clave tuvo conexión con Di María, cuyo retroceso por la izquierda garantizó equilibrio, y con Higuaín, errático en la definición pero muy activo en la elaboración de jugadas y en la ocupación de los espacios.
Kun Agüero, cada vez mejor, desatascó el resultado y, si la tuvo, disimuló bien su incomodidad para jugar de "once".
Por el lateral derecho, Zabaleta ventiló el ataque con criterio. Un clásico: cuando un equipo funciona, se potencian las individualidades.
Quedan asuntos pendientes. Milito no impone autoridad en el uno contra uno. Mascherano corre de más y comete fouls por culpa de su propio desorden.
En Córdoba, encontró resultado, goles, confianza, cariño, un poco de juego asociado y a algunos futbolistas que había perdido. No es poco, justo ahora que comienza la verdadera Copa América. Ante un rival limitado pero en una situación límite, hizo lo que tenía que hacer.


