ENTRE ALFONSIN, LA CENTROIZQUIERDA Y SALVAR EL FRENTE
Binner es demasiado alto
Por estas horas, Hermes Binner define su futuro político. La duda que lo desvela es si se suma a la propuesta del radicalismo, si se convierte en el líder natural de una nueva coalición de centroizquierda sin radicales, o si directamente se limita a terminar su mandato y eventualmente, se propone a la sociedad como diputado nacional del Partido Socialista. Todos esperan su definición.

25.05.2011 | 20:33 hs. · Autor: Coni Cherep · Fuente: Notife.com

Después del domingo, cuando convirtió a su delfín Antonio Bonfatti en candidato a gobernador por el FPCyS y sepultó a su contrincante partidario Rubén Giustiniani, Hermes Binner tiene una sola preocupación: cuál será el lugar que va a ocupar en la inminente contienda nacional. Las alternativas son tres y en su círculo íntimo todavía no hay resoluciones. En el medio, el apuro de sus pretendientes socios y la preocupación de sus allegados.


“No se puede decidir de la noche a la mañana, Hermes siempre pensó en términos de programas y acuerdos, nunca fue pragmático. Pedirle que resuelva sumarse a un proyecto que ni siquiera está escrito y en el que  se amontonan opositores, es en cierto modo faltarle el respeto a su trayectoria”, dice un legislador cercano al gobernador.


Y algo de eso hay: Binner es una rara avis en estos tiempos de rápidos acuerdos y desacuerdos. Como su propia historia lo demuestra, el gobernador fue construyendo cada espacio con la lentitud y la solidez que requieren los grandes procesos. A paso silencioso pero firme, Binner comprende las diferencias entre las demandas actuales de cierto sector de la sociedad argentina, pero de ningún modo está dispuesto a  ser protagonista de una nueva frustración colectiva.


Es que es  posible armar un esquema de acuerdos electorales urgentes, pero eso no implica necesariamente la construcción de un frente político que esté en condiciones de gobernar y llevar a delante un programa sustentable. Binner parece ser el único que lo observa con claridad, el resto se pavonea discutiendo cargos.


Lo de Ricardo Alfonsín y la UCR bordea la desesperación. Conscientes de sus necesidades electorales, piensan en Binner como un lujoso decorado para la fórmula, pero no reparan en amontonar socios , sin preguntar de donde vienen y hacia donde quieren ir. La urgencia de erigirse como opción electoral pone a los radicales en una postura desmesurada, en la que no faltan guiños a De Narváez, Peronistas Federales o al propio Mauricio Macri. Y eso está en las antípodas del modo de construcción del Socialista.


La irrespetuosa respuesta de Ricardo Alfonsín a Margarita Stolbizer- tratándola de hipócrita-  demuestra que lo potencialmente cuantitativo se lleva por delante a cualquier  pretensión cualitativa. Y allí radicarán, cada dia con mayor fuerza, las distancias del radicalismo no sólo con sus socios “naturales”, sino que acentuará las diferencias porcentuales de intención de votos con la presidenta.


Ante un gobierno sólido que lleva adelante políticas inclusivas, es absurdo proponer como alternativa una bolsa de gatos. La sociedad comprende claramente las diferencias. Lo dicen las encuestas. Pero sobre todo, lo cuenta la historia reciente.


Entonces… es un problema de estaturas. Hoy por hoy, Binner es el único dirigente en condiciones políticas y morales, de encabezar una oposición seria. Su fuerza no radica en aparatos, sino en su historia. Su imagen pública no es producto del marketing, sino de su trayectoria. La confianza que le dispensa la sociedad (por ejemplo, el domingo pasado), radica en su capacidad de gestión y no en sus modos.


A una figura de ese calibre, no se le pueden plantear las cosas a la marchanta, y mucho menos bajo la mera lógica de la urgencia electoral. No es admisible que se lo invite  a jugar como actor de reparto de un protagonista que sólo ostenta una mediocre gestión legislativa, enriquecido por la portación de modos y apellidos.


Desde cualquier lugar que no sea la mirada ambiciosa y cortoplacista, se puede ver claramente que Hermes Binner no puede ser el candidato a  vicepresidente de Alfonsín. Eso sería regalar una construcción de décadas al mero efecto de intentar alcanzar “ya” el gobierno nacional. Sin enterarse para que quieren el gobierno los que lo invitan a alcanzarlo.


La alternativa de la nueva fuerza de centroizquierda parece acomodarse más a las expectativas del líder socialista. Las figuras de Solanas, Juez , De Gennaro y Stolbizer se adecuan más a sus propias expectativas. Pero tiene sus dificultades y no menores: El “salto” ocurriría en medio de la campaña electoral santafesina, y  pondría en riesgo el apoyo del radicalismo provincial en la consolidación de las aspiraciones de Bonfatti en las elecciones provinciales de Julio. Lo anticipan los radicales  Barletta y Boasso, derrotados en la interna: "El Frente no gana sin la UCR". Suena a negociación. A condicionamiento. Por ser leve en la calificación.


Pero aún suponiendo que eso no ocurra, y que la independencia de los partidos a nivel nacional no afecte el estado de las cosas en la provincia, tampoco será sencillo para Binner la construcción de nuevas alianzas que realmente tengan destino de oferta seria para la sociedad en octubre. Allí lo que faltará  es tiempo, recursos y energías. El tiempo no alcanza para grandes definiciones programáticas, no habrá recursos para poder sostener una campaña en todo el territorio nacional que contrarreste a los aparatos oficialistas y radicales; y cabe preguntarse si el socialista tendrá energías, para terminar su mandato gubernamental-cumpliendo  sus obligaciones- y paralelamente recorrer la infinita geografía argentina.    


Lo último, lo más sensato y posible, sería proponerse  a la sociedad como legislador nacional, aceptar el estado de las cosas, y desde allí, con tiempo y serenidad,  comenzar a dibujar  una propuesta alternativa seria, de cara a las legislativas del 2013 y las presidenciales de  2015. Eso se parecería más al auténtico  Binner, aunque sea cuesta arriba y a largo plazo.


Binner tiene un problema de estatura dentro de la oposición, y de la clase dirigente argentina en general. Es demasiado alto y habla un idioma que los pragmáticos no alcanzan a entender. Allí están las razones de sus dudas, de sus condiciones  y de  sus demoras. En su estatura.

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