OPINIÓN
Con Luifa en la cancha, sabemos lo que somos
02.09.2010 | 09:22 hs. · Fuente: Cancha Llena
"No nos vamos a resignar. Sabemos lo que somos y lo que tenemos", dijo Luis Scola en la rueda de prensa. Estaba enojado, como todos los jugadores, por la mala producción del equipo. Durante la segunda mitad, la débil Jordania hizo honor a su nombre en inglés (Jordan) y anotó puntos con volcadas espectaculares.

El primer cuarto terminó 35-19, con 15 puntos del gran Luifa. Falló sus dos primeros intentos al aro pero luego acertó seis seguidos, desde posiciones cercanas al canasto que permiten un alto porcentaje de eficacia. El aporte de Prigioni (5 asistencias) y de Román González (6 puntos y 7 rebotes) apuntaló la tarea de capitán, mucho más productivo cuando tiene otro hombre alto en la zona pintada. Ese hombre debería ser Oberto, cuya presencia en el partido de octavos se ha tornado imprescindible. Además de su contribución en el poste bajo, Fabricio pasa rápido y bien la bola, algo que le ha faltado al equipo durante el Mundial.

El concepto de compartir la pelota, de dar ese pase adicional al compañero mejor ubicado para tomar el tiro, ha sido una marca registrada de la Generación Dorada. Moverla mucho y picarla poco. El juego de pases del primer cuarto generó un 12 de 16 en tiros de dos puntos (75%) y muy pocos intentos de tres (2 de 4). Ante un duelo desigual, Jordania cambió de sistema defensivo. En lugar del hombre a hombre, armó una zona.

La Argentina buscó romper ese nuevo planteo con triples. A la cancha, Paolo Quinteros y Leo Gutiérrez, dos especialistas que acertaron sus primeros intentos. Pero el equipo luego abusó del atajo. Recorrió más la tercera dimensión (4 de 14) que la segunda (1 de 3). Al ser más lejano al aro, el tiro de tres puntos tiene un porcentaje de eficiencia menor. Tras ese gran arranque, Scola lanzó (y acertó) una sola vez en el segundo cuarto. Cuando no cuenta con otro alto en la zona pintada, todo el juego interior argentino depende de él y se desgasta mucho.

En el tercer período, Hernández recurrió a Juan Gutiérrez, el otro pivot. Luifa volvió a su rol protagónico. No sólo tomó más tiros (2 de 5) sino también buscó involucrar a su compañero en la ofensiva con asistencias (2). El equipo volvió a buscar más de dos (6 de 14) que de tres (0 de 1). Se retomó el camino del primer cuarto pero, entre la menor eficacia, la poca intensidad defensiva y los triples jordanos, el amplio 49-29 del segundo cuarto se transformó en un incierto 61-55 al final del tercero.

En el último tramo, reaparecieron los triples (4 de 10). Con el partido en peligro, Delfino metió una ráfaga explosiva, pero el 4 fue el hombre del cierre. Acertó sus cuatro intentos al aro. Terminó con 30 puntos y 13 rebotes. Es el goleador del Mundial (28.3), el quinto rebotero (8.3), el noveno en porcentaje de cancha (58.6%) y el que más libres lanzó (35, con 88.6% de aciertos). Sus números llenan el formulario del MVP, del jugador más valioso. Pero a él sólo le importan en función de su equipo. Si no sirven para ganar, sólo decoran las planillas.

Ahora viene lo más difícil: Serbia y el duelo de octavos (Brasil o Croacia). Necesitamos a un Delfino continuo, a un Jasen convencido y a un Oberto saludable. Tranquilos, Scola juega para nosotros. Con él en la cancha, sabemos lo que somos y lo que tenemos. No nos vamos a resignar.
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