OPINION
Leonas
01.09.2010 | 08:20 hs. · Fuente: Cancha Llena
Luciana Aymar sufría goleadas de hasta 12-0 y 15-0. Todo era a pulmón en el Club Atlético Fisherton, incluso los viajes a clubes rivales en el camión de frigorífico que prestaba el padre de una de las compañeras. Eran tiempos de pura diversión. De la escuela pública, pasó a las clases de religión que nunca soportó en el Stella Maris. Y del Fisherton al Jockey Club. "No me hablo con nadie, no se la paso a nadie." Era su lema rebelde, agarrada como nunca al palo de hockey. El muy buen libro Luciana Aymar. Corazón de Leona , del periodista Luis Calvano, presentado hace unos días en Buenos Aires, cuenta también que Luciana, tan hábil como individualista, lloraba ante los retos permanentes del entrenador Sergio "Cachito" Vigil. Y que se le hacían eternos los viajes de Rosario a Buenos Aires para entrenarse con la selección, cambiándose en el baño del ómnibus o hasta subiéndose a un camión de YPF cuando hubo que hacer dedo.

Pocos saben tal vez que, aun ya reconocida como la mejor jugadora del mundo, Luciana pensó dejar el hockey por el tenis. Porque ya tenía 26 años. Y la beca estatal de 1000 pesos tornaba preocupante el futuro. Tampoco fue fácil asumirse luego como jugadora profesional en la estructura amateur del hockey argentino. Hasta sus compañeras la miraron con celos, aunque jugara un campeonato sin cobrar un peso, porque un dirigente incumplió promesas. Elegida por sexta vez como la mejor del mundo, y figura indiscutida del Mundial que se juega estos días en su Rosario natal, Aymar, cuenta Calvano en su libro, tiene hoy más alivio. Patrocinadores privados, programa de TV, Pancho Dotto y hasta propuestas de Playboy para posar desnuda. A Luciana, pide "Cachito" Vigil en el prólogo del libro, "hay que disfrutarla el tiempo que siga jugando y protegerla para que sea feliz dentro y fuera de la cancha. Y cuidarla de una sociedad que siempre está lista para convertir en producto y consumir. No quiero que Lucha -agrega Vigil- pierda naturalidad y la devoren el exitismo y la hipocresía".

Con apenas unos días de diferencia, el periodista Gustavo Veiga presentó también en Buenos Aires un libro en el que habla de Adriana Acosta. Así se llama la remodelada cancha de césped sintético que sirvió de preparación a las Leonas para el Mundial de Rosario. Adriana Acosta jugó en la selección contra los Estados Unidos en 1973, en la preselección para la Copa del Mundo de Cannes de 1974 y en la gira de 1975 por Inglaterra. No existía el apodo de las Leonas, pero la selección había sido subcampeona mundial en 1972 y en 1974. Había que ser buena para llegar a esa selección. Adriana lo era. Ya lucía como veloz número 7 del Club Lomas. "Por la derecha resplandece Adriana, que por ser buena y capaz, es capitana?", le cantaban sus compañeras de equipo. "Lechu", como la apodaban sus amigos, estaba entre las notas más altas en el colegio Balmoral, fundado en 1959, en Banfield, por inmigrantes escoceses. La alumna de la escuela bilingüe llevaba a la casa de sus padres a todos sus compañeros que tenían problemas de estudio. Ayudaba también a las internadas del hogar Patiño. Cantaba, se disfrazaba y colaboraba como fuera con el padre Aguirre, de la iglesia Nuestra Señora de Luján, a una cuadra de su casa, en Lomas de Zamora. Juntaba plata para comprarle la silla de ruedas a una persona que la necesitaba. Un día llegó llorando a su casa porque no la habían dejado ayudar a un viejito que se descompuso en el tren.

Adriana iba a todos lados con su palo de hockey. Lo llevaba incluso cuando iba a la facultad. Estudió Ciencias de la Educación entre 1973 y hasta su cierre en 1974. Medicina en La Plata de 1975 al 76. Y Ciencias Económicas en el 77. Hasta que el 27 de mayo de 1978, a las tres y media de la tarde, un grupo de tareas se la llevó para siempre de la pizzería La Tuerca de Pérez, en Francisco Beiró y Segurola, Devoto. Tenía 22 años. Veiga habla de Adriana en su libro Deporte, desaparecidos y dictadura, de Ediciones Al Arco. Dice que es "la primera deportista desaparecida de la que se conocen datos fehacientes". El libro, una reedición ampliada de una primera obra publicada en 2006, cuenta los casos de otros 34 deportistas desaparecidos. Todos hombres. Adriana, que ya no vivía con sus padres, sabía que la situación estaba cada vez más difícil, pero rechazó consejos de irse a Brasil. "Por una ideología no me pueden hacer nada", respondía. Adriana, según pudo saberse luego, militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Un artículo de LA NACION del 25 de enero de 1998, del periodista Uki Goñi, cuenta que los integrantes de ese partido fueron aplastados después de que el marino Alfredo Astiz, infiltrado en Madres de Plaza de Mayo, llevó a la ESMA un panfleto del PCML. Lo había obtenido a fines de 1977 de manos de la monja francesa Alice Domon, también ella desaparecida junto con once personas más en la iglesia Santa Cruz, un caso que en estos días es juzgado en un tribunal federal.

El artículo de LA NACION de 1998 recuerda al PCML como "un minúsculo grupo maoísta, no armado, de nula relevancia", aunque algunos textos ofrecen otras versiones. El PCML era el partido de algunos de los 17 rugbiers del club La Plata, desaparecidos en plena dictadura y también citados en el libro de Veiga, igual que el futbolista Luis Alberto Ciancio, quien llegó hasta la tercera división de Gimnasia y Esgrima La Plata. Teresa Bernardi de Acosta, la mamá de Adriana, se sumó a las vueltas de las Madres de Plaza de Mayo. Fue a la iglesia de Santa Cruz. Pidió audiencia con Desiderio Collino, obispo de Lomas. La Catedral está a pocos metros de su casa. Llevó un sobre con la donación de dinero para vocaciones sacerdotales que le aconsejaron las secretarias. Collino enfureció cuando Teresa le habló de su hija desaparecida. En medio de insultos, levantó el pisapapeles y se llevó el sobre. Tampoco tuvo suerte con el nuncio Ubaldo Calabresi.

Leyendo La Prensa , como todos los días, Teresa se esperanzó con una carta en el correo de lectores de Luis Noailles, un militar en desacuerdo con lo que estaba sucediendo. Fue a verlo. Tampoco él pudo ofrecer datos. La familia viajó a Brasil creyendo que habría noticias. El único dato cierto fue que Adriana pasó por El Banco, un campo de concentración cercano al aeropuerto de Ezeiza. "Sale a fin de año." "Sale el día de la Madre", decían algunos. No salió nunca.

El primer medio que habló públicamente del caso de Adriana fue la revista Pronto , un artículo del periodista Roberto Leiva, a comienzos de 2006. El Concejo Deliberante homenajeaba poco después a los deportistas desaparecidos. Uno de los oradores citó el caso de Adriana. "Yo soy la madre", dijo Teresa, presente en la sala. La vi hace unos días en la presentación del libro de Veiga. Junto con su esposo Oscar Enrique y con su hija Leticia, mayor que Marcelo, el hermano más chico. "Mamá quiere vivir lo más posible para ver si algún día llega alguna noticia", me dice Leticia. Ella también jugó en Lomas y en la selección argentina. Leticia fue amiga y compañera de equipo de Laura Mulhall, arquera casi indiscutible de la selección durante doce años. Compartieron visitas en las casas, diez años de entrenamientos conjuntos y también habitación en la concentración del Hindú Club para la Copa Intercontinental de 1986. El padre de Laura, el coronel Carlos Alberto Mulhall, iba casi siempre a ver jugar a su hija. Leticia nunca le preguntó nada. A los 78 años, Mulhall, que fue interventor militar en Salta durante la dictadura, cumple prisión domiciliaria, por la masacre de doce presos en Las Palomitas, entre otros cargos.

"Me complace que esta cancha lleve el nombre de Adriana, el de la delantera humilde y leal que dedicó casi la mitad de su vida a este deporte llegando a jugar en la selección, así como de la persona sensible y solidaria que nos dejó sus ideales de ejemplo." Jorgelina Rimoldi, símbolo en la etapa de nacimiento de las Leonas, habló en el acto de inauguración de la cancha del Cenard, en octubre de 2009. Las Leonas terminaban un entrenamiento y allí, entre muchos otros, estuvo también Luciana Aymar. Leticia Acosta ya compró su entrada para ir mañana a Rosario a ver a las Leonas frente a España. "Será la primera vez que veré a las Leonas -me dice-; llevo el hockey en la sangre."
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